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Zim City

El hombre que controlaba el mundo con un bolígrafo

Zim, sobre la hora de almorzar, escribió:

Todavía recuerda Miguel como descubrió su particular poder. Meritxell no tenía escapatoria. Todo lo que Miguel escribía pasaba. Apenas tenía 12 años cuando se dio cuenta de su, llamémosle, habilidad. Aficionado los tebeos, se sentía como un héroe de comic de segunda categoría, “vaya, mi súper poder reside en como use mi bolígrafo… tampoco soy tan diferente a un periodista o un político… ¿y si se me acaba la tinta?”. Lo cierto es que daba igual el papel o estilográfica que usara, todo lo que escribía de su puño y letra, pasaba.
Siendo un niño pre-adolescente, tenía miedo de usar mal su escritura, así que lo empleó en obtener pequeños beneficios casi insignificantes, chiquilladas, vamos, tales como que los caramelos pez tuvieran más variedad de sabores, o que el profesor de lengua nunca mandara redacciones como deberes y alguna que otra vez retrasó la hora a la que ha de sonar la campana para volver del recreo. Desde siempre fue un chico responsable e interesado en la filosofía. A su padre no le faltaría jamás trabajo y su madre gozaba de muy buena salud.

No quería interferir en política con su poder, pues el mundo debería seguir su propio rumbo, aunque no tuvo reparo en intervenir en el derribo del muro de Berlín, tras una visita a Alemania, así como acciones similares… un pequeño empujoncito al bienestar global. De vez en cuando se concedía pequeños caprichos, como viajar barato, así se crearon las aerolineas low-cost, o programas de intercambio p2p a través de la world wide web para disponer de una buena discoteca y filmoteca. Hizo que se usara un hongo para enmohecer el queso roquefort en lugar de que se hiciera con gusanos, incluso le gastó una broma irónica a la política llevando al protagonista de “Terminator” a interpretar el papel de político fuera de la gran pantalla y que los fines de semana McDondald’s estuviera abierto 24 horas. Un guiño a la comunidad de color poner a Obama en la casa Blanca. Pequeñas cositas siempre. Nunca se facilitaba las cosas por completo, por ejemplo cuando se fue a examinar del carnet de conducir, perfectamente podía haber escrito que lo aprobaría, pero lo único que hizo fue narrar como el azar (intervenido por él, claro) le haría tener un examen no muy difícil, así eran la mayoría de escritos que hacía, para que su camino no estuviera definido por completo en absoluto.

Ya adulto se enamoró de Meritxell, una amiga suya desde hacía relativamente poco. Esta vez pensaba hacer uso de su capacidad. No la había usado para conseguir citarse con ella, ni para enamorarla, Miguel entendía que debería ser algo natural, y no fruto de escribirlo y cumplirse, sin embargo, sí materializó su amor eterno mediante una fórmula de física a través de la constante de Plank. Pero tras muchas citas y conversaciones, Meritxell no le correspondía, y su amor por ella iba en aumento. Así que no le quedó más remedio que hacer uso de su arma. Escribió “Que Meritxell sea feliz siempre” y después se auto proporcionó una enfermedad articular que únicamente le impidiera escribir.

Tal vez alguna vez te hayas cruzado con Miguel en el pasado, cuando una máquina expendedora de refrescos te ha devuelto la moneda y además te ha dado la lata, el tren ha cerrado las puertas justo al entrar en él mientras pensabas que no lo ibas a lograr o si has estado pensando en una persona y de repente te ha llamado por teléfono, seguramente Miguel estaría detrás de ello, pequeños empujoncitos a la vida de los demás que daba como hobbie.

4 respuestas para “El hombre que controlaba el mundo con un bolígrafo”

  1. Kran dice:

    Me gusta, pero suena de haber leido algo parecido antes :)

  2. Zim dice:

    Ei… si te acuerdas dimelo… porque a mi también me sonaba a alguien que tuviera un poder similar al escribir… pero no di con ello y estuve intrigado!

  3. Juan Blanco dice:

    Es muy bonita la historia, pero se ve de lejos quiénes son los protagonistas (con un final más truncado). La idea es muy buena.

    (Ten cuidado con los cómo/*como.)

  4. Zim dice:

    Le echaré un ojo ;)

    gracias!