Nadie en casa.

Zim, por la tarde, escribió:

Tuvo que llamar a la puerta con los nudillos, el timbre no funcionaba. Ante la tardanza, decidió afinar el oído y mirar a la mirilla por si podía apreciar señales de vida al otro lado de la puerta, antes de insistir nuevamente con su, a pesar de joven, robusta mano. Ésta indicaba que aunque de su mirada se deducía sin error que era un chico dulce y maduro, la vida no le había dado las mismas facilidades que a la mayoría de jóvenes de clase media.

La puerta se abrió, lentamente. Una mujer de unos cuarentaymuchos, vistiendo algo parecido a un batín y sueño de sofá en su semblante.
-Ah… eres tú… -Su adormilada cara mostraba entre sorpresa y tirantez- ¿a qué vienes? ¿Le ha pasado algo a Carla?
-No, descuida, Carla está bien.
-Entonces… ¿Cómo te atreves a venir por aquí?
-Verás… después de mucho hablar… Carla y yo hemos decidido que vuestra familia merece otra oportunidad. Estamos dispuestos a quedarnos a cenar, incluso, pero si no avasalláis a Carla ni hay reproches.
-¿Dónde está?
-Está esperándome en el coche, a la vuelta de la esquina. Depende de vuestra disposición vendrá o no.
-Diego, después de tanto tiempo… no creo que sea posible eso que pedís. Lo siento mucho.
-Está bien, me voy por donde mismo he venido.
-Que así sea.
-Adiós.

La mujer, a medio camino de cerrar la puerta, la volvió a abrir. “Diego” pronunció. Diego se giró en espera de que la mujer continuara la frase.
-Dile a mi hija, que gracias a su valor voy a divorciarme de su padre. Ella ha sido todo un ejemplo para mí. La llamaré cuando todo esto haya pasado, dale un beso.
-Suerte- contestó.
Se giró y continúo bajando las pequeñas escaleras que enlazaban el jardín con la entrada de la casa. Se oyó el suave golpe de la puerta cerrándose. Abrió la puerta metálica del jardín, era de esas que tienen forma triangular, ancladas a dos columnas pertenecientes a un muro de obra vista. Salió de la casa y cerró la verja. Anduvo unos metros hasta doblar la esquina y entró en el Renault donde Carla lo esperaba.

-Lo siento Carla, no había nadie en casa.
-Bueno…
-Tal vez sea una señal de que aún no era el momento…
-Puede que sí…
-He estado insistiendo por si acaso es que no se atrevían a abrir, además de estar el timbre roto.
-No importa. –sonrió y mirándole a los ojos continuó- Te quiero.
-Yo también te quiero.
-Pero lo tuyo no tiene mérito
-¿Por qué? ¿Porque es fácil quererte?
Esas palabras alargaron la sonrisa de Carla.
-Bueno, –dijo Diego tras una leve pausa- ya que esto nos ha llevado menos tiempo del esperado, podríamos ir a tomar una taza de chocolate caliente, ahora que ya ha llegado el frío nos entrará bien.
-Este año no me he dado cuenta de su llegada… del frío digo, nada me lo ha anunciado. ¿Sabes? Hoy invito yo.

7 respuestas para “Nadie en casa.”

  1. vide dice:

    tio, a vcs, muy pocas, m dprims

    :P

    trozos d celo(eso sigue siendo mio no¿)

    ciaaaaaao

  2. anaiiis dice:

    me gusta jeje
    la verdad k extrañaba tus relatos :)
    a ver si vas haciendo mas, mas a menudo

    un besitoo (K)

    anaisss*

  3. Nario dice:

    Qué grande eres. Enorme, Zim.

  4. M dice:

    Creí que era una historia y acabó siendo otra… Bueno tal vez no estaba equivocada en ninguna de las ocasiones. Se me escapa una tercera…

    (Bueno valeee no me entiende nadie cuando escribo pero yo ya sé xD)

    A ti la llegada del frío te la va a anunciar mi chaqueta de pata de gallo negra y blanca xDD

  5. Kran dice:

    Lamento tener que decirte que no, no me gusta :-(

  6. M dice:

    ¿Vas a regalarme en fin de año una nariz de payaso? :)

    Bona nit… http://www.youtube.com/watch?v=-M7gDqK49b4&feature=related

  7. Zim dice:

    Te dije que te la llevaras el sábado!!