Susana

Zim, por la mañana, escribió:

Estaba en la biblioteca ojeando sin buscar nada en concreto. Recorriendo con la mirada los lomos de los libros le pareció ver una cara familiar en otro pasillo a través de las estanterías. Tembló. Suspiró y decidió acercarse despacio con un andar suave para no molestar a los demás con el ruido de sus tacones.
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