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Zim City

St. Jordi ‘10

Zim, por la mañana, escribió:

Año tras año, uno de los mejores días.


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Camino

Zim, sobre la hora de almorzar, escribió:

No quería facilidades para andar por los senderos, no quería ser una princesa.
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No te culpo

Zim, por la mañana, escribió:

No te culpo de que no luzcas por mi tu falda más bonita. Es más culpa mía que tuya. O no es culpa de nadie. No debe ser culpa de nadie si nadie puede hacer nada. (Leer más…)

Cartas del banco

Zim, sobre la hora de la cena, escribió:

Abrió el buzón. Cogió el pequeño paquetito de cartas echando un ojo por encima y siguió andando hasta la puerta. Al ir a abrir se le cayeron las llaves haciendo el característico ruido que hacen las llaves al caerse. Se agachó en cuclillas con cuidado de no hacer ningún movimiento brusco que dañara la falda y manteniendo el equilibrio de forma precavida para que los tacones no le jugaran una mala pasada. (Leer más…)

Gitana hechicera

Zim, por la mañana, escribió:


Me ofrece romero. Te dará buena suerte, me dice, pero yo lo que quiero son sus ojos. Gracias guapa, le digo mientras acepto la dádiva a cambio de la voluntad. (Leer más…)

Saber escribir

Zim, al mediodía, escribió:

“Los dedos rozaron los pétalos muertos, qué frágil es la vida si la abandonan”

José Saramago - Ensayo sobre la ceguera.

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En el alféizar

Zim, sobre la hora de la cena, escribió:

Sentado en el alféizar de tu ventana con los pies colgando, golpeando con el nudillo de mi dedo índice varias veces en series de cuatro toques suaves en el cristal. (Leer más…)

Vacío.

Zim, por la mañana, escribió:

Durante ese instante fue feliz. Por primera vez en su vida tenía el control absoluto de lo que le pasaba, dominaba la situación. (Leer más…)

Decisión propia

Zim, en la hora de la siesta, escribió:

La luz débil acentuaba la composición lúbrica de la escena y subía el grado de excitación. Entre las dos presencias en la habitación había diferentes sentimientos recorriendo las venas y arterias del cuerpo. Gabriel poco a poco se quitó la camiseta blanca de manga corta que llevaba dejando ver su atlético torso desnudo. (Leer más…)

Niños corriendo por la playa

Zim, al mediodía, escribió:

En una cala recogida de menos de media milla corretean dos niñas de unos cuatro o cinco años. Primas. Más cerca del mar que ellas, un niño ligeramente más pequeño, con un chándal verde se afana para darle forma a un castillo construido con arena con sus propias manos, sin ayuda de cubos, palas o rastrillos de plástico. (Leer más…)

Sant Jordi 09

Zim, sobre la hora de almorzar, escribió:

Los libros que de verdad me gustan son esos que cuando acabas de leerlos piensas que ojalá el autor fuera muy amigo tuyo para poder llamarle por teléfono cuando quisieras.

El guardián entre el centeno, de J.D. Sallinger.
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El hombre que controlaba el mundo con un bolígrafo

Zim, sobre la hora de almorzar, escribió:

Todavía recuerda Miguel como descubrió su particular poder. Meritxell no tenía escapatoria. Todo lo que Miguel escribía pasaba. (Leer más…)

Esta vez…

Zim, por la tarde, escribió:

Esta vez no habrá fábulas sobre noches frías (Leer más…)

El mejor sistema de regadío

Zim, al mediodía, escribió:

La trasplanté.
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Soñarte

Zim, por la mañana, escribió:


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